PodCastizo nº 91: La Calle de Toledo.

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En este episodio nos vamos a conocer a fondo una de las calles más castizas e importantes de Madrid: la Calle de Toledo. Esta entrada a Madrid desde el sur, que hoy ha quedado en pleno centro de la ciudad, fue camino de entrada a mercancías procedentes de todas las regiones de España. Ha sido siempre una calle llena de vida, de parada y fonda, de mesón con sabor, de historia y curiosidades. Recorremos la calle deteniéndonos en sus detalles, tanto en edificios, tiendas, cafés o actividades ya desaparecidas como también os contamos lo que de interés tiene esta preciosa calle hoy en día: dónde comer o tomar algo y qué hay que ver de interés hoy en día. Escuchar este podcast mientras vais paseando por la propia zona, a modo de ruta guiada, puede ser una buena idea. Si lo hacéis… ¡no dejéis de contárnoslo!

Puestos en la Calle de Toledo junto al Arco de Cofreros en 1950. Autor desconocido.

La Calle de Toledo es una de las más importantes, y acaso la más castiza en la historia de Madrid. Formada a partir del Camino Real de Toledo, que comunica Madrid con la Ciudad Imperial desde tiempos medievales, servía como puerta de entrada a nuestra ciudad desde el sur. En sus inicios, la zona se situaba extramuros, tomando forma con el paso de los siglos. Desde la reconquista cristiana, siempre delimitada por las diferentes Puertas de Toledo como entrada sur de la ciudad. En el siglo XIX fue una de las principales arterias de la capital, al ser vía natural de entrada de mercancías desde provincias. Ella fue imagen de Madrid para los forasteros que llegaban de toda España, y al mismo tiempo hicieron de ella crisol de todas las regiones españolas. El famoso vino de Valdepeñas, que fue verdadera sangre del Madrid decimonónico, el trigo, la cebada, el aceite, esparto, corcho, cuero, el latón, los paños, y un sinfín de mercancías arribaban a Madrid penetrando por la calle de Toledo y salvando el no poco desnivel que la caracteriza, que ya son ganas de ir cargado cuesta arriba.

El bullicio y la algarabía ocasionado por el continuo trasiego de personas, animales y mercancías alimentaba el mercado de la Cebada, la Plaza Mayor, el Rastro o la no lejana Plaza de la Paja, y dio vida y ser a toda una profusión de tascas, mesones, paradores y posadas donde hacer noche hasta colocar la mercancía. Fueron varias decenas las que se asentaron en la Calle de Toledo, documentadas al menos desde el siglo XVI, como el Parador de la Torrecilla, en el nº58, el de Ocaña, en el nº62, el de Medina, nº88, el de la Gallinería, en el n.º 100, el de Monroy, n.º 105, de la Cruz, en el n.º 109, de Cádiz, en el n.º 111 y el Parador de la Estrella o de Lillo, en el n.º 115, la Hostería de la Aurora, en el nº60, la Posada de la Parra, en el nº64, de la Beltrana, nº66, de la Úrsula, en el nº92, de la Herradura, en el n.º 96, Posada de Pinto, en el n.º 83, de San José, en el n.º 99, el Mesón del Soldado, nº82-84, de la Acemilería, nº86-88, o de San Antonio, n.º 102, por mencionar tan solo los que daban a la propia calle de Toledo. Hoy aún conservan su fama los de la vecina Cava Baja y alrededores, como vago recuerdo de aquellos tiempos.

Tostadores de café en la Calle de Toledo. Año 1920. Autor desconocido. Fotografía obtenida del blog Madrid me mata.

Así, en medio de establecimientos de toda clase, el gracejo de sus tipos castizos, de chulos y manolas, de mozos de cuerda, empleados, posaderos, tenderos y comerciantes, caballeros, estudiantes, cantantes y bailaores, petimetres, bandidos, alguaciles, desocupados y transeúntes de toda índole poblaron y pueblan aún hoy esta calle de Toledo. No en vano, Pedro de Répide la bautizó como la “Gran Vía” popular.

La Calle de Toledo nace en el Portal de Cofreros de la Plaza Mayor, por ser este lugar en el que se establecieron los fabricantes de cofres, baúles y aparejos similares. Su empinado trayecto nos lleva en casi continuo descenso desde la Plaza Mayor, su cota más elevada, y además va ensanchándose progresivamente. El primer tramo, hoy resultado de la reconstrucción de Juan de Villanueva, tras el incendio de 1790, acogía comercios más distinguidos, así como cafés de postín. El más destacado quizá fue el Café Nacional, inaugurado en 1885 en el número 15, del que se dijo era “uno de los más elegantes de Madrid”. Hoy en día el local que ocupaba es el Restaurante Riazor, marisquería que seguro han visto más de una vez. Como dice nuestra amiga Rosario “esas magníficas vistas al antiguo Madrid desde los balcones de su entresuelo aún son visibles”. En el número 32 (antiguo 40) estuvo el Café de San Isidro, otro café de verdadero postín, de 1863, con su famosa “vicaría” o parte trasera para los amantes discretos. El local está hoy ocupado por un conocido comercio de la cadena Día (antes Simago).

La desaparecida Iglesia de San Millán, en 1860. En primer término, el mercado en la Plaza de la Cebada. A la izquierda, el Hospital de La Latina. Autor desconocido por nosotros.

El otro café de renombre fue el Nuevo Café de San Millán, ya en La Latina. Pío Baroja, Manuel Machado, Alberti o Maruja Mallo fueron clientes de este gran café. Hoy continúa el Café de San Millán, en el número 67, aunque ya no es ni la sombra de lo que fue. Además, en la contigua calle de San Millán, estuvieron el Café Mercantil y luego la Cervecería La Bobia, que fue la más conocida y más movida de Madrid. En el solar que ocupa el de San Millán, estuvo la antigua Iglesia de San Millán, de 1591 y derribada en 1869. Esta iglesia albergaba la imagen del Cristo de las Injurias, uno de los predilectos por la Santa Inquisición a la hora de procesionar, viniendo su nombre de haber sufrido lo propio a manos de los judíos, según decían.

Calle de Toledo en 1890. Se aprecian los llamativos toldos de los comercios y el tranvía, que transcurrió a lo largo de la calle. Autor desconocido. Fotografía obtenida del blog Postales Incunables.

Encontramos también algunos comercios tradicionales, como la zapatería Lobo, la cordelería y alpargatería Hernanz, Calzados Carballo, otro establecimiento centenario, o El Botijo, establecimiento que se mantiene en activo desde 1754, aunque migrase desde los soportales hasta el número 35, y haya cambiado su dedicación y, su famosa y castiza decoración, siendo hoy una discreta droguería. No podemos dejar de mencionar aquí algunos comercios nuevos pero muy originales, como la tienda de camisetas frikis “El Señor Miyagi” o la maravillosa tienda “Curiosity shop”, entrando un poco en la transversal Calle de los Latoneros. Además, echamos de menos “El Aventurero”, tienda de tebeos que estuvo en el número 15, entre los soportales, y que era todo un templo para los aficionados.

Vista de la Calle de Toledo desde el Arco de Cofreros en la Plaza Mayor (fotografía propia).

Merece la pena parar en la plaza de Segovia la Nueva, que apenas da para un semáforo, y mirar hacia la calle de Segovia para ver al fondo las torres de la Basílica de San Miguel, la Plaza de Puerta Cerrada y el caserío de típicos tejados. Por aquí encontramos también las tabernas “Los Nobles de Castilla”, “Taberna de San Isidro”, con preciosos azulejos, o la “Taberna Oliveros”, que data de 1857.

Encontramos un poco más abajo dos instituciones madrileñas de primer nivel: La primera es la Colegiata de San Isidro, en el número 37, iglesia que fue del colegio (de los jesuitas) y que durante años hizo las veces de oficiosa catedral matritense. Desde que allí los enviara Carlos III desde la iglesia de San Andrés, aquí reposan los restos de nuestro santo patrón San Isidro y de su mujer Santa María de la Cabeza. Casi ná. Además, en el solar que ocupa la Colegiata estuvo la casa de los Vera, donde trabajó San Isidro, y para Francisco de Vera cavó aquí un pozo que se encuentra situado bajo la Capilla de San Isidro de los Naturales de Madrid. En su pórtico de entrada fue asesinado el primer obispo madrileño, don Narciso Martínez-Izquierdo.

Taberna en la Calle de Toledo esquina a la calle de la Ruda a principios del s.XX. Autor desconocido. Fotografía obtenida del blog Tabernas Antiguas de Madrid.

La otra institución destacada es el Colegio Imperial de los Jesuitas, en el número 39, Reales Estudios antaño y hoy Instituto de Enseñanza Secundaria, de visita obligada por su claustro y sus instalaciones, laboratorios, animales disecados, así como el testimonio de sus ilustres alumnos. No os lo perdáis, es uno de los lugares desconocidos y visitables gratuitamente en Madrid. Además, en las casas cercanas a la calle de la Colegiata, vivió y murió en 1630 el gran escritor madrileño Alonso Jerónimo Salas Barbadillo.

Y es que la Calle de Toledo también tuvo casas palaciegas de alcurnia, como la del Conde de Humanes o el palacio de los Duques de La Roca, junto a la Colegiata de San Isidro.

Llegando a La Latina, que toma su nombre de Beatriz Galindo, ilustrada preceptora y gran mujer de tiempos de los Reyes Católicos, encontramos el solar que albergó el convento de su mismo nombre, es decir, de La Latina, o de la Concepción Jerónima y su Hospital aledaño. El convento tiene hoy un heredero activo aunque apenas una discreta puerta que ruega respeto a los ruidosos transeúntes nos da fe de este lugar de ídem. De la antigua fachada al Hospital, que fue gobernado por Jerónimo de la Quintana, quizá el primer cronista de Madrid, y del Convento de la Latina, ni rastro. Hay que ir hasta la Escuela de Arquitectura en la Ciudad Universitaria para ver su portada, y a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en la Plaza de la Villa, para hacer lo propio con su majestuosa escalera gótica, restos únicos que quedan de la obra de La Latina, labrados por el moro Hasán.

Hoy destaca en la zona la tienda de disfraces perteneciente a otro establecimiento célebre que tiene su sede principal justo enfrente: Caramelos Paco, fundada en 1934, de alucinante escaparate cuajado de caramelos de todos los colores, en la acera de enfrente al convento. A ambos lados de Caramelos Paco, tenemos la Corsetería La Latina, archifamosa por sus tallas grandes; La Cerería Ortega, establecimiento tradicional donde encontrar velas de auténtica fantasía y aún realizadas a la manera clásica (si preguntáis igual os enseñan el taller en la trastienda). Y Casa Vega, otro establecimiento centenario que, como ellos mismos publicitan, se dedican desde hace más de 150 años la venta de aperos para ganado como cencerros, botas de vino, correas, látigos, collares, jalmería, campanas, cascabeles, mochilas de caza, bastones, zurrones, etc. Destacan sus alpargatas o sus productos de cuero, con unos bolsos de calidad y diseño estupendos.

En la plaza, no podemos dejar de mencionar al Teatro de La Latina, que empezó como cine hacia 1904, tras el derribo del mencionado Hospital de La Latina. Enseguida se convirtió en teatro, y fue el templo donde pudo verse actuar durante tantos años a quien fuera su dueña, y musa del barrio, la gran Lina Morgan. Vaya desde aquí nuestro recuerdo para ella.

La plaza de la Cebada fue lugar de ejecución pública desde principio del siglo XIX, y aquí se ejecutó a Riego, sin duda su reo más célebre. El lugar de ejecuciones fue posteriormente trasladado extramuros de la Puerta de Toledo, en la actual glorieta, aproximadamente donde se encuentra el Centro Médico Pontones, curiosa paradoja. Aquí es donde fue ejecutado Luis Candelas, el famoso ladrón romántico.

Si nos desviamos por la calle de la Ruda, que suena a castizo, pasearemos por una calle que toma su nombre de la ruda plantada en el huerto del convento de La Latina, que por ahí caía. Luego fue mercado de verduleras, de menudencias, huesos para el caldo y repollos averiados, como decía Galdós. También albergó el Hospital Asilo Oftalmológico del Doctor Santiago Albitos, llamado Asilo de Santa Lucía, clínica inaugurada el año 1884 que era gratuita para los pobres y que llegó a tener fama nacional. ¡Bravo, don Santiago! En Ruda, 5 encontramos a Malacatín, templo del cocido madrileño, y entrada por este lado de El Rastro, del que la calle de Toledo es límite occidental en buena parte de su recorrido. La plaza de Cascorro es así vecina de nuestra calle.

Dejando a un lado el solar que ocuparon las piscinas de La Latina, hoy un solar ocupado en no sabemos muy bien qué, nos detenemos en el famoso Mercado de la Cebada, en plena plaza, que de mercado al aire libre pasó a un bonito mercado de hierro decimonónico, hoy desaparecido, y sustituido por un edificio de 1958, de gusto desigual.

La tercera etapa de la calle se inicia al dejar la Plaza de la Cebada. En el actual número 77 se situaba el Teatro de Novedades, inaugurado en 1857. Fue un teatro dedicado al estreno de obras de gran éxito entre las clases populares, destacando la llamada comedia de magia, es decir, de sucesos imposibles, hoy quizá diríamos paranormales, también circo y cinematógrafo. El teatro es tristemente conocido por el terrible incendio que sufrió la noche del 23 de septiembre de 1928, en el cual murieron 67 personas y hubo alrededor de 200 heridos. Fue uno de los más terribles sucesos acaecidos en la ciudad.

Maś abajo, encontramos lugares como el bar Muñiz, en la esquina con la calle Calatrava, donde se pone en la Verbena de La Paloma el que va camino de ser el último organillero contratado para estas fiestas. También El Alcázar o el Mesón Castellano, que vivió sus tiempos más entrañables (y algo cutres) hasta hace poco, y que ha pasado a ser una suerte de bar castizo regentado por chinos. Casa Eduardo, de estrecheces muy castizas, es otro lugar recomendado por sus buenas tapas y mejor precio. Por esta zona viene a morir la calle del Humilladero, castiza donde las haya, donde hubo un ídem en tiempos.

La Fuentecilla en 1947. Autor desconocido. Fotografía obtenida de Almudena de Córdoba Checa.

Si seguimos caminando, nos toparemos con uno de los monumentos más entrañables y al mismo tiempo feos de Madrid: la famosa Fuentecilla, en la confluencia con la Calle de la Arganzuela, que se diría que ha quedado marcada por estar dedicada al felón y deseado rey Fernando VII. El rincón es sin duda muy castizo, con una curvatura de las calles que da vértigo y encanta. La fuentecilla, de 1815, fue construida con los materiales de la antigua Fuente de la Abundancia, que fue para la Plaza de la Cebada, y mantiene cierto aire de aquella. Al parecer, en la Fuentecilla hacían permanente guardia los traperos de Madrid, a la espera de recoger los despojos de cualquier montura que cayese muerta en la calzada, para retirarla de la vía pública y vender sus despojos, con excepción de las herraduras, que siempre eran para el dueño del caballo, burro o acémila. Junto a ella no nos podemos dejar la igualmente encantadora farmacia de La Fuentecilla, otro establecimiento de sabor madrileño y al que merece la pena entrar para ver un ambiente de botica antañona. De lo que fue el Cine Toledo apenas queda hoy nada, estando en su edificio hoy instalada la Discoteca Shoko, en el número 86. Fijándonos en su contorno aún podemos imaginar los tiempos gloriosos del cine. Enfrente está la Galería Comercial La Paloma, con todo el sabor setentero, en el número 109. Y de nuevo junto al antiguo cine, enseguida tenemos la entrada trasera de la Iglesia de La Paloma, mejor dicho, la Parroquia de la Virgen de la Paloma y San Pedro El Real, que así se llama. La patrona popular de Madrid y patrona de los bomberos se encuentra en esta iglesia, cuya entrada principal está en la plaza de la Virgen de la Paloma, pero a la cual se puede acceder por este portal abierto, subiendo las escaleras al fondo del patio, entrada esta que pasa inadvertida al visitante ocasional. Junto a ella está también el Colegio la Salle – La Paloma, con sus encantadores muros de patio de colegio añosillo.

En el número 108 encontramos el bar Los Caracoles (no confundir con el de la Plaza de Cascorro), donde siempre tienen el puchero de loza lleno de caracoles recién hechos y el ambiente castizo conservado intacto. Los camareros son de buena conversación, y el lugar está lleno de encanto. Casi enseguida estaba, junto a los caracoles, otro local castizo “Las Madreñas”, con un buen par ejemplares de este calzado de madera para la huerta, típico del norte de España, colgando del dintel. Hoy en día, desde hace unos 3-4 años, es un anodino local moderno cuyo nombre no merece ser recordado. ¡Qué falta de gusto!. Por fin, para los amantes del café, recomendamos la cafetería del coqueto aunque moderno Hotel Ganivet.

En Toledo 111 estaba el garaje y hostal Finisterre, que por el nombre ya imaginaréis que era destino de camiones de pescado para el cercano mercado y de sus conductores procedentes de Galicia. Un poco más abajo, en la otra acera, tenemos una serie de casas desalineadas, testimonio de un abandonado, por descabellado, intento de ensanchar la calle de Toledo desde La Latina.

Llegamos a la actual Puerta de Toledo, también dedicada a Fernando VII, que parece que las dedicatorias al rey felón y mamarracho se concentran en buena parte en esta calle, y mira que son escasas en Madrid. La puerta celebra la victoria contra los franceses, y hoy en día ocupa el centro de una rotonda rodeada de calzada, donde antes fue puerta de acceso con su muralla para asegurar el portazgo, o sea, el cobro a los que llevasen viandas u otros bienes a la Villa. La rocambolesca historia de su letrero y su cápsula del tiempo mejor os la contamos otro día. La Puerta de Toledo, erigida entre 1813 y 1827, es sin duda alguna uno de los símbolos de Madrid.

La Puerta de Toledo. Autor anónimo. Fotografía obtenida del Archivo Fotográfico de la Fundación Telefónica.

Hasta llegar a la actual, hubo varias Puertas de Toledo, al menos una inmediata al Hospital de La Latina, en la cerca de Felipe IV, cercana al primer matadero de El Rastro, otra en la confluencia de la Calle de la Sierpe, y quizá otra a la altura de la Calle de la Ventosa. Lo mismo pasó con los cadalsos, como ya hemos mencionado, y de nuevo lo mismo con los sucesivos mataderos de carne. Resulta curioso trazar una línea más o menos recta desde lo que fue el primer matadero, el del cerro de Cascorro; pasando luego por el inaugurado en 1855, ubicado en la Puerta de Toledo, en el lugar del actual edificio del mercado de pescados; pasando después por el Matadero inaugurado en 1928 junto a Legazpi (hoy centro cultural, de exposiciones, y sede municipal), hasta llegar a Mercamadrid, inaugurado en 1982.

Sin embargo, antes del matadero y mucho antes del mercado de pescado, junto a la Puerta de Toledo hubo, desde 1598, un albergue para enfermos, inválidos y menesterosos llamado de San Lorenzo. Quizá por ello se conocía a la vecina calle del Capitán Salazar Martínez como calle de los cojos, dicen que alguno de ellos compañero de armas de Cervantes.

El Mercado Central de Pescado de la Puerta de Toledo fue celebradísimo por su olor y el traqueteo nocturno de los camiones que permitieron hacer de Madrid el mejor puerto de mar de España. Como hemos dicho, antes fue matadero, famoso por las correrías de los galopines que emulaban las gestas taurinas cuando metían el ganado. Últimamente se ha establecido un mercado de antigüedades de escaso éxito, que hoy comparte con instalaciones de la Universidad Carlos III, y que sin duda esta pidiendo un replanteamiento. En la plaza frente al mercado, se organiza otro semanal de productos ecológicos. Y por detrás, de nuevo, damos paso a la zona más baja de El Rastro, con calles que merece la pena explorar, dando a la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo, que por lo visto asomarse allí desde esas callejuelas castizas era descubrir todo un nuevo mundo. Al otro lado tenemos la Biblioteca Pedro Salinas, la principal de la red de la Comunidad de Madrid. Antes hubo por aquí edificio que terminó siendo cuartel de la Guardia Civil.

Además, en la glorieta, tenemos que mencionar la Mantequería Andrés, un establecimiento tradicional que tiene placa municipal señalándolo como tal, quizá el situado más al límite de lo que fue la ciudad antigua. Sus delicatessen de toda la geografía española hacen las delicias de grandes y pequeños, y el trato familiar (pues todos son familia) lo hacen un sitio imprescindible. Sin moverse de la glorieta, en el enlace con la ronda de Segovia, está el pintoresco Parque de Bomberos número 3, un edificio de 1904 que bien mirado parece un pequeño castillo de cuento, sin duda el más cercano a su patrona la Virgen de la Paloma. En este lugar hacen su exhibición cada 15 de agosto. Y, junto a los bomberos, un buen trozo de la cerca de Felipe IV que suele pasar inadvertida, pero que merece echarle un vistazo y alguna foto. Además, justo enfrente, os podéis tomar una cerveza en Abadía Beers, uno de los mejores lugares para hacerlo en Madrid (con el permiso del mítico La Tienda de la Cerveza, en Maldonadas, 5) para muchos la meca de la cerveza en Madrid, en La Latina, que nos lo habíamos pasado. Por cierto, que en el número 72 de nuestra calle tenemos escondido también en lugar insospechado otro trozo de muro, esta vez de tiempos Felipe II.

El tramo desde la actual Puerta de Toledo hasta el puente, trazado también en tiempos dieciochescos, se llamó Paseo de los Ocho Hilos hasta principios del siglo XX, debido a las ocho hileras de árboles que lo adornaban. Termina en la Glorieta de las Pirámides, las cuales, según algunos, son de inspiración masónica, como el vecino paseo de las Acacias. Las pirámides fueron diseñadas por Francisco Javier de Mariategui en 1830 junto a la cabeza del Puente de Toledo, aunque hoy no conservamos más que un rastro del proyecto original. El puente, edificado a su vez entre 1718 y 1732 según proyecto de Pedro de Ribera para salvar el río Manzanares, es posiblemente el más bonito de Madrid, y está presidido por dos esculturas de San Isidro y Santa María de la Cabeza, ambas de 1723.

Vista actual de la Calle Toledo en el tramo antiguamente conocido como el Paseo de los Ocho Hilos. Fotografía propia.

Algún que otro accidente de tranvía desbocado por la pendiente de bajada (y también de coche) hemos tenido en esta empinada cuesta, actual desafío para los ciclistas con su flamante (y poco utilizado) carril bici. Este tramo, de edificación más moderna en su mayoría y en auge en la actualidad tras la construcción del llamado “Pasillo Verde”, fue antiguamente zona industrial, con el paso del tren, el almacén de carbón y estación de Imperial, la estación de Peñuelas, la fábrica de la Mahou, la no muy lejana fábrica de motores de Isaac Peral (hoy un vivero de empresas de Google) o el barrio de las Injurias, famoso núcleo de verdadera miseria, ya junto al río, en la antigua dehesa de la Arganzuela, cuyos restos se integran en el nuevo Madrid Río. Aunque no lo crean, nosotros notamos una energía diferente bajo esos árboles en concreto, con sus mesas urbanas en estilo de los años 70 para echar la partida. Es de destacar aquí la cercanía del Estadio Vicente Calderón, de próxima y, para muchos, triste desaparición. También el Colegio Joaquín Costa, que lo fue de la Institución Libre de Enseñanza y que logró cosas como que los pobres niños de las lavanderas del barrio de las injurias visitaran a Velázquez en el Museo del Prado. En la cercana Plaza de Francisco Morano está la sede de la Agencia Municipal de Empleo, que ocupa una bonita casa que se alzó para cuidar a los niños de las lavanderas mientras estas se dejaban las manos en las heladas, aunque escasas, aguas del Manzanares.

Perspectiva del Barrio de las Injurias, junto a la actual zona de Pirámides, a la izquierda del Puente de Toledo. Autor desconocido por nosotros. Fotografía obtenida del blog Secretos de Madrid.
Otra imagen, verdaderamente triste, de cómo era la penosa vida de los habitantes del Barrio de las Injurias, por fortuna desaparecido. Autor desconocido por nosotros. Fotografía obtenida del blog Secretos de Madrid.

En otro orden de cosas, y de casas, destacamos, en el número 122 de la calle de Toledo, una bonita casa de estilo dizque neomudéjar, con una torrecilla con su reloj y todo, que es muy interesante, a pesar del pegote para ampliar altura que le han puesto sin ningún sentido del ridículo, y que parece le ha dado cierta inestabilidad. En sus bajos hay un restaurante riojano que merece una parada. A la altura del 143-145, más abajo de la Puerta, existió hasta hace pocas décadas una estación de autobuses de media y larga distancia, donde hoy hay un Supercor ¡quién lo diría!. También por aquí destacamos la tienda Generación X Imperial, en la calle de Santa Casilda, los restaurantes de barrio El Rincón del Bierzo y El Mirador de San Isidro, este último uno de los templos vivientes de la casquería madrileña y la ración de libro. Ambos están ya alejados de la zona más habitual de turismo, como otros en los aledaños del Calderón, frente al nuevo y flamante Madrid Río, al final de la calle y con muy buenos precios.

Los antecesores del nefasto “botellón”, junto al Puente de Toledo, en 1910. Autor desconocido. Fotografía obtenida del blog Madrid me mata.

Si nos metemos por San Isidoro de Sevilla, a la izquierda, enseguida llegaremos a lo que fue el Campo del Gas, lugar de peregrinación para amantes del boxeo y la lucha libre hasta hace no tantos años, que tomó su nombre de la zona baja de los aledaños de El Rastro donde hubo una fábrica de gas (queda una torre de ladrillo de la fábrica en el parque que lo recuerda, de no muy recomendable visita).

Y por cierto, en el extremo último de la calle Toledo, junto a las Pirámides, hay un coqueto jardincillo dedicado nada menos que a Doña Concha Piquer, con una pequeña escultura de cabeza de fauno o algo por el estilo. La puerta de entrada de este jardincito, bastante notable, es la original de la fábrica de Construcciones Aeronáuticas S.A. (CASA), que ocupaba toda la manzana.

Tantas y tan variopintas son las cosas que pueden explorarse paseando por la calle de Toledo, y a fe que nos hemos dejado cosas. Esperamos de corazón que os haya gustado. Terminamos con esta coplilla popular que lo fue:

Al echar Dios al mundo

la sal y el garbo

cayó la mayor parte

en este barrio

Olé, salero,

de las calles del mundo,

la de Toledo.

Cómo llegar

En Metro. Línea 1: Estación de Tirso de Molina. Línea 5: Estaciones de La Latina, Puerta de Toledo y Pirámides

En Autobús de la EMT: Las líneas 17, 18, 23, 35, 60, C1, C2, N26 discurren por la propia calle.

En tren de Cercanías: Estaciones de Pirámides y Sol.

Existen Estacionamientos públicos en la Calle de la Ventosa, nº26; Capitán Salazar Martínez, nº2; Calle de Toledo, nº88; Ribera de Curtidores, nº15; Plaza de la Cebada s/n (también paraking para motos); Parking para motos en La Latina; Parking Plaza Mayor (subterráneo).

BiciMad. Estaciones en Paseo de los Olmos, nº19; Glorieta de la Puerta de Toledo, nº1, Plaza de la Cebada, n.º 16; Plaza de la Provincia, nº1.

Recordamos que desde la Puerta de Toledo hacia la Plaza Mayor, la Calle de Toledo está dentro de la zona Madrid Central.


Bibliografía

– Paradores, posadas y mesones en la Calle de Toledo (Desde el siglo XVI al XX), por Antonio Pasies Monfort. Revista “Madrid Histórico”, nº 68. Marzo/Abril 2012.

– La Puerta de Toledo y La Fuentecilla, ambos textos de Luis García Gómez. Revista “Madrid Histórico”, n.º 16. Julio/Agosto 2008.

– La Puerta de Toledo. ¿Esperpento histórico y certificación de lo absurdo?, por Luis Miguel Aparisi Laporta. Revista “Madrid Histórico”, n.º 40. Julio/Agosto 2012.

– Artículos sobre La Calle de Toledo, La Puerta de Toledo, Calle de la Colegiata. Del libro recopilatorio “Las Calles de Madrid”, de Pedro de Répide. Ed. Afrodisio Aguado, 3ª Edición, diciembre de 1972.

– La Ruda, una calle con carácter. Revista “La gatera de la Villa”, número 7. Octubre de 2011.

– Paseos por Madrid, cuarto recorrido: de la Puerta de Toledo al Templo de Debod. Revista “La gatera de la Villa”, número 10. Junio de 2012.

Webgrafía (“blogs” y páginas de internet consultadas)

http://josesanpepe.blogspot.com/2012/12/calle-de-toledo.html

https://artedemadrid.wordpress.com/tag/calle-de-toledo/

http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2014/07/el-cafe-nacional-de-la-calle-de-toledo.html

http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2012/09/el-cafe-de-san-isidro-y-la-tienda-del.html

http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2012/08/el-nuevo-cafe-de-san-millan.html

http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com/2016/02/la-bobia-y-su-movida.html

https://pasionpormadrid.blogspot.com/2014/10/la-fuentecilla.html

http://historias-matritenses.blogspot.com/2014/11/la-fuentecilla-ahi-es-na.html

http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=306028

http://tabernasantiguasmadrid.blogspot.com/2016/04/galdos-y-las-tabernas-de-la-calle-de.html

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2 Respuestas a “PodCastizo nº 91: La Calle de Toledo.”

  1. La calle de Toledo de Madrid es una de mis preferidas. Tenía, tiene y siempre tendrá de todo: comercios, bares, bullicio, historia y, por supuesto, cafés.
    Os agradezco muchísimo haber contado tan bien su dilatada historia, con tanto pormenor y de forma tan amena.
    Seguid con estos programas que son una delicia. Y, sí, sois el primer Podcast de Madrid ¡por supuesto!

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